La lógica de superioridad e inferioridades naturales articulaba las relaciones hombre-mujer: la mujer es menos perfecta que el hombre, moralmente débil y sus ciclos hormonales la hacen voluble e inestable. Por oposición, los varones son moralmente más fuertes, más estables y sensatos, por lo que tienen la responsabilidad de guiar y corregir a las mujeres a su cargo: esposas, hijas y otras familiares, si es laico, y sus feligresas, si es religioso.
Los modelos de hombre y mujer en la sociedad tradicional chilena estaban marcados por la noción de diferencia jerárquica. Para hombres y mujeres, los roles normales en la edad adulta –excepto que se adoptase el estado religioso– eran los de marido y mujer unidos en el matrimonio católico. Este matrimonio era la base de la familia.